
La excursión a Sa Foradada es un clásico de las excursiones por Mallorca, sobre todo por sus vistas. El camino es fácil de seguir, pero hay que tener en cuenta que la ida es cuesta abajo y el regreso se hace por el mismo camino, cuesta arriba. Nosotros fuimos con tres niñas, dos de 9 años y una de 12, que subieron sin mayor problema en una hora. Toda esta zona está ampliamente documentada por el archiduque Luis Salvador de Austria en su obra Die Balearen, publicada originalmente entre 1869 y 1891.
Cómo llegar al inicio en Son Marroig
Si partimos desde Palma, iremos hasta Valldemossa y cogeremos la carretera de Deià, la Ma-10. A varios kilómetros de Valldemossa encontraremos el desvío a las casas de Son Marroig, donde empieza la excursión. La finca está en el término municipal de Deià.
El aparcamiento junto a Son Marroig es de pago mediante parquímetro, tanto en verano como en invierno. Las plazas son limitadas y el horario y las tarifas dependen de la temporada. Desde allí caminamos hacia las casas. A la derecha tenemos el mirador de Son Marroig, conocido también como El Galliner, con una zona de bar muy concurrida en las tardes de verano para ver una de las mejores puestas de sol que se pueden ver en Mallorca.
Desde aquí tenemos una vista espectacular de Sa Foradada. Es un lugar al que podemos acudir sin necesidad de hacer toda la excursión, simplemente para tomar algo y disfrutar del paisaje.
Desde la zona de las casas seguiremos las indicaciones hacia Sa Foradada hasta llegar a una verja verde con escalones para pasar al otro lado. Así lo describe también la web de Son Marroig. Entramos en una finca privada, por lo que debemos respetar sus indicaciones y dejar las barreras como las encontremos. Empezamos el trayecto por un precioso campo de olivos donde, si tenemos suerte, podremos ver ovejas y burritos. En nuestra visita se acercaron e incluso los pudimos tocar; no hay que perseguirlos ni darles comida.

A pocos minutos llegamos a un mirador sobre Sa Foradada, donde tendremos otra vista espectacular de la emblemática roca e incluso una mesa de piedra para merendar. Para un día en que solo queremos pasear un poco, o sorprender a alguna visita que no está dispuesta a hacer toda la excursión, es perfecto :).
La bajada hasta Sa Foradada
A partir de aquí el camino va bajando. Seguiremos la pista sin tomar atajos. La bajada nos seguirá sorprendiendo: casi al principio encontramos las cavidades de Ses Caves, en Son Marroig, donde la roca presenta formas caprichosas modeladas por la erosión. Más abajo, en el cruce de caminos, tomaremos el ramal de la derecha hacia Sa Foradada.
Seguimos bajando y encontraremos varios miradores que nos ofrecen un ángulo cada vez más cercano de la famosa roca. Al final llegaremos a un pequeño embarcadero con una zona de rocas donde podemos bañarnos si el estado del mar lo permite. En nuestro caso encontramos medusas y nos fastidiaron el ansiado baño.
Allí se encuentra el conocido restaurante Sa Foradada, famoso por sus paellas. En nuestra visita paramos a tomar un café; también había tarta casera. Hay excursiones en barco que llegan hasta el embarcadero para comer en esta zona. El restaurante dispone de aseos para sus clientes. Para comer, es mejor reservar directamente con el establecimiento.

Los más atrevidos pueden intentar subir a la parte alta de Sa Foradada, pero esa subida no forma parte de la excursión por el camino y no la recomendamos como actividad familiar. No hay un sendero definido hasta arriba y la bajada tiene pasos complicados que requieren trepar y destrepar. Ese desvío puede llevar unos 30 minutos, pero llegar hasta el embarcadero ya nos permite disfrutar de la roca sin afrontarlo.

El regreso a Son Marroig
Tras pasar un rato agradable, comer unos bocadillos y tomarnos un café ante unas vistas magníficas, retomamos el mismo camino para hacer la subida.
Resumiendo: la bajada a buen ritmo se puede hacer en unos 50 minutos con niños. Nosotros tardamos algo más de una hora porque nos paramos bastantes veces a hacer fotos. La subida también la hicimos en una hora, menos de lo esperado y realizando varias paradas para recuperar fuerzas. Esta excursión no la recomendamos en pleno verano por el calor que puede hacer durante la subida. Llevad agua y calzado con buena suela: el regreso concentra el esfuerzo de la jornada.



